
El sábado pasado, Ñ (la revista cultural del diario Clarín) publicó un artículo firmado por Marcos Mayer que indaga las supuestas razones de los regresos de bandas de rock, tan en boga durante este año. En una nota de tapa que incita a la polémica, el periodista se sumerge en un mar de obviedades y algunas leves opiniones dignas de mención. "Hoy la mejor promesa del rock es su pasado" es la primera frase del texto.
Además, el autor duda en colocar a Kapanga o los Decadentes dentro de la escena con el argumento-pregunta: "¿Es posible imaginarse a Spinetta en un videoclip con Johny Tolengo y Guillermo Nimo?" que suscita otras cuestiones de mi parte. ¿Spinetta es la medida del rock? ¿Un videoclip y sus posibles protagonistas determinan la pertenencia a un género? Los suplementos culturales se acercaron al rock, tomándolo como un fenómeno digno de análisis, pero las posiciones elitistas en las que caen con (excesiva) frecuencia no ayudan. La búsqueda de rosca adrede (toda la nota tiene un tono que invita a enojarse) difícilmente aporte algo más que pura polémica y escaso debate. Lamentablemente la edición digital no incluye las opiniones de Diego Capusotto y Pipo Lernoud, bastante más recomendables.
Al margen del contenido de este caso particular, no dejo de sorprenderme que los trabajos teóricos que se acercan al rock se queden en Charly García y Spinetta como corpus de análisis a los que suelen sumarles Calamaro y Fito Paéz. Si son muy osados incluyen a Soda Stereo y Redondos. Fin de la historia. Divididos, Las Pelotas, Los Piojos, Bersuit (por nombrar algunos) suelen quedar afuera sistemáticamente.