
Mucha barba descuidada con más de diez días de vida. Aquí las rastas están bien vistas, las vinchas de colores en las muchachas también. En las paredes cuelgan flyers que reproducen carteles de viejas giras de Beatles, Bob Marley, Zeppelin y hasta uno de Los Iracundos. Son dos habitaciones pequeñas de cinco metros cuadrados cada una y un patio, algo más grande, con una lona que funciona como techo e impide mirar los edificios contiguos. De los parlantes brota un sonido vintage aunque esté siendo reproducido en una computadora.
Un pibe ubicado en la barra aprieta reiteradamente el botón derecho del mouse y eso se refleja en las listas del winamp. Quedará poco claro si se trata de un as en el manejo del programa o si tiene grandes dificultades para llevar a cabo su tarea. De cualquier modo, apenas pasan unos segundos sin que los Doors vuelvan a la carga con viejos clásicos que unos cuantos asistentes cantan por completo. Durante mi breve estadía no habrá lugar para otros artistas aunque los comentarios que recibí indican que la noche puede incluir a Sumo o Bjork.
La cerveza, bastante fría para lo que sugiere el contexto, se vende en botella como en épocas pasadas. Varones y mujeres toman del pico sin problemas mientras deambulan por el pequeño pasillo humano que permite circular desde la entrada hasta los baños, ubicados a ambos extremos del patio. Está lleno y cuesta encontrar un lugar adecuado donde pararse a charlar y beber. Los pocos personajes sentados lo hacen en unas pocas sillas o en cajones de cerveza vacíos. Los asientos no están garantizados y cuando hay que trasladar bebidas, los empleados no tienen problemas en dejar parados a algunos clientes.
Nuestro amo del winamp charla con algunos, destapa cervezas, cobra, entrega el vuelto y hasta bebe un par de tragos mientras insiste en seleccionar y elegir listas de reproducción desde sus ficheros virtuales. Luego me enteraré que es el dueño del boliche. La birra corre a mares.
El secreto es sencillo: un par de ambientes, algo de música y un precio de las bebidas por debajo del promedio alcanzan para empezar. El boca en boca de la economía del bolsillo hace el resto. Sin hablar con nadie uno puede imaginarse las carreras del público que anoche estaba en el recinto. Ciencias sociales, filosofía, artes, algún estudiante de agronomía y un par de aspirantes a biólogos; artesanos, un doble de Charly García en decadencia y unos descolgados (nosotros) que parecían vestidos de gala en comparación con los atuendos de los presentes.
Creo que Valentina (Belgrano casi Achaval Rodriguez) sería uno de los antros elegidos para arrancar la noche si todavía fuera un estudiante universitario. Al fin y al cabo, no todo cambió tanto ni quien escribe es tan especial. Igual pondría una gran objeción: el fernet es branca por naturaleza. Se puede vender Vittone pero la botella con el águila no debe faltar si uno ofrece ese preciado líquido de color negro. Los estudiantes, los artesanos y el señor Winamp debieran saberlo.